Post express.
No quería dejar de escribir de volón sobre los pequeños detalles acumulados el fin de semana, que me mantienen sonriendo hasta el final del día:
Conocer a una pareja lindísima que jamás había visto, y que me invita a cenar a su casa, en donde estoy encantada con tantas historias y ocurrencias que hacen volar el tiempo; una plática de boludeces o de “alto impacto” con my mom mientras Camila nos observa, el abrazo de un lobo que ya se quiere cortar el cabello, el antojo de donitas glaseadas, una libreta sobre mi escritorio con una historia bien mamalona escrita por mi brothercín, unos audífonos que están a punto de llevarme a un escenario que empiezo a describir en un cuaderno rayoneado, y junto a él las imágenes que plasmé hace unos meses respecto a mis sueños, y darme cuenta que son exactamente lo que estoy por vivir… exactamente los lugares que elegí, los amigos que elegí… eso sí es un flash…
Y bueno, mientras escribo esto de nuevo escucho a los españoles que hablan sobre el camino a casa, y mi hermano me dice que los perros de lluvia rule big time. Pasan algunos minutos, y reviso las fotos del amigui favorito que ilustra mi blog, pensando qué imagen puede ser adecuada… y encuentro la respuesta a la pregunta: ¿cuándo es momento para sonreir?
Pic by nadell




